CHICU

un chanchito juguetón

Historia de un chanchito juguetón

Williams Fernandez, Ayacucho

Chicu

Recuerdo tener aproximadamente 14 años cuando viaje a Ayacucho a visitar a mis familiares, quería ir solo porque pensé que me sentiría mejor así y claro un poco maduro.

Tomé una línea que llevaba del terminal hacia el mercado Magdalena y luego hacia el paradero para ir hacia Quinua, antes de eso había llamado a mi tía que vivía en Huamanga para hacerle saber que había llegado.

Tomé el carro y vi el paisaje tan espectacular… huaycos al lado y montañas grandiosas, el río… para que le de la vida para todo ese paisaje.

Llegué y lo primero que hice fue ir a la tienda a comprar algunas bebidas y comida para llevar a la casa el cual me la tenía grabado desde hace tiempo porque me gustaba ir ahí y quedaba en mi memoria graba – algo como una brújula interna que ya sabes dónde queda-. Es donde empieza la historia de mi pequeño amigo, al frente de la casa había una pequeña granja, él empezó a pedir comida cuando pasé por ese lado, lo vi y me vio con esa naricita tan curiosa. Me retiré para poder saludar a mi abuela y mis tíos.

La casa también era un taller de cerámica y me gustaba hacer algo de imaginación durante mi viaje a ese lugar, para esto recordaba que de pequeño me subía al segundo piso de mi tía para poder ver el horizonte dónde mi mamá decía que quedaba la casa de mi otra abuela – Huallhuayocc- y pensaba junto a las nubes y el viento; ¡pero algo curioso pasó cuando iba realizar ese mismo acto… escuché el grito de ese pequeño cerdito! Me causó curiosidad y desde donde estaba podía verlo ahí jugando con los que creía o eran sus padres (todos juntos). Casi todo el rato los miraba porque me parecía un poco entretenido siempre buscando pelea para poder comer y jugando con su naricita.

Bajé y mencioné esa curiosidad a mi abuela y me dijo que eran “cuchis” – claro, de lo que sé del quechua eso significaba chancho o cerdo-. Pensaba en hacer algo referido a ese chanchito porque siempre veía que molestaba a sus tíos y padres, corría de un lado a otro y ¡claro! Buscaba comida siempre.

Fui al mercado que quedaba a la vuelta de la casa, unas 5 o 6 cuadras hacia atrás, cuando salía y llegaba siempre veía a ese cuchicito – me parecía adorable -. Recuerdo verlo muchas veces cuando subía al segundo piso de la casa de mi tía y me despejaba la mente… hasta que de repente cayó una flor blanca y con un poco de flor de retama que había a las orillas del riachuelo, tal combinación se quedó en el cuerpo del chanchito y me causó un poco de risa era como su símbolo y desde ahí le puse “Chicu” que me parecía más bonito llamarlo así que lo formal de Cuchi, me quedé pegado con ese instante de ver la flor en su pequeño cuerpo que me inspiró para realizarlo en arcilla, sus patitas adelante ya que estaba sentado y mirando hacia adelante con una mirada tranquila.

Quise darle vida eterna a Chicu, y con la alegría de varios colores junto a esa flor perdura ese pequeño chanchito juguetón.

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